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Full text of "Las leyendas del alma: Poesías"

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FROM THE FUND 



PROFESSORSHIP OF 

LATIN-AMERICAN HISTORY AND 

ECONOMICS 



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CÉSAR MIRANDA 



Las 

Lreyeiidas del Alma 



(poesías) 



MONTEVIDEO 

M. BBRTANI, EDITOR — SARANDÍ, 240 
1907 



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CÉSAR MIRANDA 



Las 

Leyendas del Alma 



(poesías) 



MONTEVIDEO 

o. M. BESTANI, EDITOR — SARANDÍ, 240 
1907 



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^ •WVAí«0 COUEGE UMAlty 
AUG 2 1920 



AL 

NÚCLEO PÓRTICO 

C. Al. 



PROEMIO 



EL BUQUE FANTASMA 



Hay un vasto silencio en el mar. El sol arde 

en la desolación inmensa de la tarde. 

Vuelan en lentos giros algunas gaviotas 

que buscan su merienda entre las tablas rotas 

de los esquifes. Solas 

hacia lejanas playas se encaminan las olas 

y á la lus del tramonto que exalta el panorama 

el horisonte cobra un relieve de drama , , , 



Desgraciado Jasón que en el Argos del arte 
haces flamear al viento el sonoro estandarte / 
Será tu empresa estéril. Ya lo dijo el Profeta : 



10 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

ante porcos espargere margaritas , . . 

Poeta 
^ se solo, canta solo. Soñador solitario 
horada el corazón del bosque silenciario, 
Lejos^ lejos del trueno de las plebes habita^ 
tal cual un ermitaño, el hueco de tu ermita ; 
perfuma tus cabellos con fragantes rocíos ; 
edúcate en la diurna música de los píos ; / 

escucha la salvaje estrofa del torrentes- 
emociónate en la húmeda claridad de la fuente ; 
abandona el vulgar cuidado de las cosas ; 
corónate de lirios, de pámpanoSj, de rosas 
y de laureles. Nunca la selva será estrecha 
á Pegaso. - . Oh, sublime y errante peregrino / 
Cumple con Dios, poeta, cumple con tu destino. 

Cuando volvi los ojos á los mares amargos. 
Pegaso relinchaba hacia el sonoro Argos. 
A la lus del tramonto que exaltó el panorama 
las sirenas hiriéronme con sus ojos de ¿lama. - . 
Y perdí la experiencia y en un dulce hipnotismo 
me atrajo el mar, ..me atrajo la ebriedad del abismo! 



LINFAS DE HIPOCRENE 



Á Enrique Gómez Carrillo» 



ÁNFORA DE ALABASTRO 



Ánfora de alabastro 

milagroso, lis, astro, 

lirio, hostia, nieve, cisne ó copo de espuma. 

Yo percibo tu rastro 

en la brisa, en la fuente, en el mar y en la bruma. 



En tus ojos, que velan las pestañas sombrías, 
conjeturo visiones de Ninive y Bolonia, 
y en tu boca, sedienta de púrpuras bravias, 
hay auroras del Indo y arreboles de Jonia. 



14 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

El esfumino sabio ha dejado en tu nuca 
la penumbra inquietante de los regios velures 
y la sombra indecisa de la tarde caduca 
florece en tus ojeras complicados azures. 



Tu adolescencia rosa, insinúa pecados. 
Quién gustara al tramonto la bondad de esa poma 
en la hierba frondosa de los vírgenes prados 
ó en cojines de Persia ó en triclinios de Roma I 



Tu dentadura breve, hecha de luz de luna, 
tiene el tallado armónico de una clave pagana 
y ante su esmalte joven se experimenta una 
hora reparadora en ociosa mañana. 



Los ópalos pulidos de tus dedos delgados 
irisa nse de luces marítimas. Tus yemas 
tienen reflejos blondos, vislumbres encarnados, 
tonos crepusculares y resplandores cremas 



LINFAS DE HIPOCRENE 15 

Tu mano, oh tu adorada mano de infanta, atrista! 
Porqué ? No sé decirlo, es tan frágil tu mano I 
Y luego los hoyuelos. Oh, cuan bella conquista 
para los soñadores del Helicón pagano 1 



Ánfora de alabastro 

milagroso, lis, astro, 

lirio, hostia, nieve, cisne ó copo de espuma. 

Yo percibo tu rastro 

en la brisa, en la fuente, en el mar y en la bruma. 



LA RELATIVIDAD DE LA DICHA 



El cuervo del pobre Edgardo 
fué un tíempo mi tertuliano ; 
luego gemí bajo el fardo 
del monstruo baudel enano. 



Pero me hirió con su dardo 
el dios del mito pagano, 
y el tiempo, pesado y tardo, 
se hizo fugaz y liviano. 



18 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Y hoy mi alma sufre porque 
teme que Cronos la ahorque 
con su fatal corredera. 



Y yo, observador, observo 

que llama en su auxilio al cuervo 

y á la monstruosa quimera. 



LINFAS DE HIPOCRGNE 19 



SÚPLICA 



Ha llegado el invierno, 
paje de testa adusta. 
Noto sopla en su cuerno 
una canción robusta. 



Y á la gacela tierna 
esa canción asusta: 
tal una sempiterna 
amenaza de fusta. 



20 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

— Melpomene y Talia, 
Terpsícore y Euterpe, 
os pide el alma mía 



vuestra augusta armonía 
para matar la sierpe 
de la melancolía. 



LINFAS DE HIPOCRENB 21 



RESURRECTIO 



Hoy estoy alegre como 
jamás lo estuve, alma mía. 
Ya no sufro bajo el plomo 
de la cruel melancolía. 



Río y bebo, canto y como. 
Me auspicia el aya Alegría 
y fraternizo con Momo 
bajo el sol del mediodía. 



22 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Se ha colado de rondón 
la Pascua en mi corazón. 
Como el buen Samaritano 



resucitó mi alma buena 
y está loca de verbena, 
de amores y de verano. 



LINFAS DE HIPOCRENE 23 



SONETO TRISTE 



El cielo está negro y el 
temporal muje profundo; 
dijérase que Luzbel 
sentó su real en el mundo. 



Yo solo, meditabundo, 

á tu recuerdo fiel, 

voy dejando en el papel 

mi alma, segundo á segundo. 



24 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

El trueno truena. En mi pena 
pienso sólo en tu alma buena 
y en el pasado lejano,— 



ay, tan lejano I querida, — 
en que íbamos de la mano 
paso á paso por la vida. 






LINFAS DE HIPOCRENB 25 



GRIS 



. . elle ett au sein des flots . 
Chénier. 



El mar extiende perezoso el lomo, 
y el cielo del crepúsculo marino 
evoca el ceño de oxidado plomo 
de una acuarela de efumista chino. 



Turba el silencia un suspirante trino 
de seda frágil, que trepida como 
un hilo extraordinariamente fino 
que roza el arco mágico de un gnomo. 



26 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Semidormida mi razón advierte 
sobre la duna una fragancia á muerte. 
Á cuatro pasos, junto al mar aleve, 



de raso arminio en orfandad reparo 
la aristocracia de un zapato breve, 
y allá, en lo gris, un traje rosa claro . 



LINFAS DE HIPOCRBNE 27 



TANIT 

Pacies non ómnibus una, 
Nec diversa tamen, qualem decet esse sororutn. 

Ovidio. 

Fué la tarde inicial. Tu displicencia 
se ahogó en la linfa de tus ojos magos, 
y el alma mía gravitó en los lagos 
azures de una grata somnolencia. 



Tu frase de cristal en su cadencia 
evocó de pastores noctivagos 
los elocuentes sistros y los vagos 
arpegios de una lánguida secuencia. 



28 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Lo taciturno de un santuario antiguo 
tuvo la tarde en su rubor exiguo. 
Con mi mano estreché tu mano sabia, 



y del cénit de la ilusión suprema 
vi desfilar los cielos de la Arabia 
tras los lunares de tu velo crema. 



LINFAS DE HIPOCRENE 29 



PRIMAVERA, EL OTOÑO HACE MAL. 

Á Pedro Oneto f VUuta, 



Primavera, el Otoño hace mal, el Otoño 
que corona con hojas amarillas su testa; 
es preciso que animes la eclosión del retoño 
y hagas que la alegría inunde la floresta. 



Que sea, Primavera, en el bosque la fiesta 
de las jóvenes plumas en el vuelo bisofio, 
y que huya, de las almas melancólicas, esta 
inquietud de la vida que nos brinda el Otoño. 



30 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Primavera, fomenta los idilios ; depara 
á los enamorados tu sonrisa más clara, 
y haz que Lieo beodo multiplique su afán ; 



y las crespas faunesas y los sátiros rústicos 
animen los antiguos utensilios acústicos 
y solloce en el bosque la siringa de Pan. 



LINFAS DE HIPOCRENE 31 



PISCATORIA 



Á la hora en que la tarde con lentitud declina 
el pescador solícito tiende sus aparejos ; 
y la caña traidora en los largos espejos 
como un octogenario achacoso se inclina. 



En los juncos cercanos la rana, en su bocina 
monótona, preludia sus cánticos añejos; 
y el pescador que sueña en sus amores viejos 
se abisma en la apacible calma de la piscina. 



32 LAS LEYENDAS DEL ALBIA 

Esa hora holgazana que el pescador codicia, 
tiene el prestigio amable de una boca que inicia 
un beso ... Y la actitud de la alevosa caña, 



y la boya chismosa, y el canto del batracio, 
y el aliento aromático de la bella campaña, 
nos llevan sin esfuerzo á Bión, Mosco y Horacio. 



í 



LINFAS DE HIPOCRENE 33 



EL DOLOR Y EL AMOR 

. Á Rodolfb Metiera, 



El Dolor y el Amor son hermanos gemelos 
que marchan paso á pas(^ por un mismo camino. 
Son niños. No envejecen. Nuestros tatarabuelos 
sufrieron su ascendiente angustioso y divino. 



Donde el Amor dardea, ebrio de luz y vino, 
Dolor hace sus llagas, mientras nubla los cielos. 
Son dos adolescentes á quienes el Destino 
dio dos cetros distintos: alegrías y duelos. 



34 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Dolor, Amor, hermanos que gobiernan un mismo 
país : el alma humana, honda como el abismo. 
Pasajeros eternos de un misterioso tren 



que marcha bajo el cielo y no se sabe adonde. 
—Enigmas palpitantes donde Jeovah se esconde ; 
Dolor, Amor, hermanos, misericordia! 

Amén. 



i. 



LINFAS DE HIPOCRENE 35 



EPÍLOGO DE UN IDILIO 



En tus ojos azules, lánguida taciturna, 
se adivina el encanto de las horas tranquilas ; 
y bajo la penumbra de tus párpados lilas 
tus pupilas eclipsan la magestad diurna. 



Cuando la casta diosa de su celeste urna 
nieve serenamente su luz en las tranquilas 
frondas, cuando florezcan en el parque las lilas 
al auspicio virtuoso de la calma nocturna ; 



38 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

hay una gloria de preciosas tintas 
como en las tardes rubias de las quintas. 
Y tu indolencia nubil de reclusa. 



al hacerse más blanda en la hora buena, 
recuerda una pasión, un tanto ilusa, 
nacida en una noche de verbena. 



LINFAS DE HIPOCRENE 



39 



LOS PÁRPADOS CAÍDOS 



Un tinte de acuarela violeta 
tuvo la tarde en su postrer minuto, 
y la noche allegóse con su luto 
á visitar tu candida glorieta. 



" Princesa,— dijo un pájaro poeta, 
rindiendo á tu hermosura su tributos- 
es tu boca sutil sabroso fruto 
y á él tan sólo mi pico se concreta . . 



40 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Sonrió tu labio una sonrisa fina. 
En tu rostro de blanca colombina 
hubo un vislumbre de rubor temprano, 



y en la calma fluvial de la glicina 
se apagó tu pupila mortecina, 
sencillamente, como un sol lejano. 



■\ 



Á Héctor Mlromda. 



LOS PARQUES DE LA TENTACIÓN 



Sefiora dofia Venus, mujer de Don Amor, 
Noble sefiora, omfllome yo vuestro servidor. 
Juan Rvu. 



HORA PROPICIA 

Á José Juan Tablada, 

Es la hora 

poética. Se colora 

el paisaje 

de dulce rubor jacinto, 

y aparece en el boscaje 

mi señora: 

va peinada á la manera de Corinto, 

en largos bandos ceñidos por una cinta escarlata, 

y sus piececitos sueñan en las delicias de un plinto* 



Un breve beso de luna, un empolvado de plata 
en sus mejillas y en 



44 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

SUS orejitas pálidas que asedian la serenata 
del sátiro Paul Verlaine. 



Es la hora 

poética. Mi señora 

viste túnica amarilla, 

y bajo el cielo que implora 

abre, con gracia sencilla, 

la pompa de su sombrilla 

amarilla. 



Reparad en su pie breve, 
que oprime fina sandalia, 
y en la elegancia que llueve 
de su figura de Italia. 



Mirad las ágatas finas 

de sus dedos, que un artista 



LOS PARQUES DE LA TENTACIÓN 45 

besó con carmín, felinas 
uñas de brillo amatista. 



Duros son sus senos, son 
como los vírgenes senos 
que perdieron A Acteón. 
Y en sus lánguidos, morenos 
iris de meditación 
adivino los amenos 
Parques de la Tentación. 



RIMA GALANTE 



Ojos claros, serenos . 



Una lira del Pórtico fuera preciso para 
decir en ritmos fieles tu merecido elogio, 
ó que en mármol de Himeto sabio cincel tallara 
tu efigie victoriosa ... En mi pobre eucologio 



no hay ni secuencias líricas, ni mármoles de nieve. 
Mi Musa, aun siendo hermana del Amor y de Hebe, 
ama devotamente el triste tono gris. 
No obstante, reina rubia, á ponderar se atreve 



48 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

la luz celeste claro del cielo de París, 

que es la luz melancólica que de tus iris llueve, 

lírica flor de lis. 



^ 



TUS LABIOS 



A Foo, Contreras, 



Labios doctos, divinos labios de crístal rubio 
de Basora, de Tíntir ó de Jerusalén. . . 
Pródigos labios donde juega en ideal connubio, 
nuevo cisne, mi espíritu y tu alma, flor de harén. 



Labios cristianos, de espiritual efluvio, 
cual los de una pastora ingenua de Belén . 
Labios voluptuosos, llenos de Vesubio, 
ebrias inflorescencias, púrpuras de Jaén. 



50 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Labios adolescentes, de Bagdad ó de Tracia ; 
insinuantes milagros de un suelo tropical; 
labios de Paraíso. . . labios buenos. . . hacia 
vosotros va mi verso, argonauta sensual 



\ 



CINTIA 

Ca tú eres 

Bspeio de las mujeres . . . 
Masques de Santillana. 

Con un placer siniestro, yo era ángel y demonio, 
besé tus labios húmedos de un perfume sutil ; 
y en tus cabellos índigos, que pintó el antimonio, 
mi mano hundí con una vehemencia juvenil. 



Tal el goce, me dije, que saboreara Antonio. 
En tus ojos británicos hay un cielo de añil ; 
y tus suspiros, Cintia, los deseara Favonio 
para ondular las linfas tranquilas del Jenil. 



52 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Oh! cuan dulce es tu boca, cómo á besar incita! 

Lesbia, Belkís, Citéride, Canidia, Margarita! 

Oh ! el zumo de las vides de Falerno que escancias 



en la copa sabrosa de tu labio punzó. 

Oh I vaso de placeres, resumen de fragancias : 

Delia, Krysís, Servilla, Kleopatra, Salambó! 




RUBÍ CREPUSCULAR 

Le soleil se hátant pour la tfloire des cieux 
Vlnt opposer sa flamtne á l'éclat de ses yeux. 

VOITUBB. 

En el antiguo parque la tarde violeta 
puso la leve bruma de un cántico de Osián; 
y sobre el verde eglógico tu lánguida silueta 
fijó su incandescencia de rojo tulipán. 



En tu cabeza blonda diluíase una inquieta 
mancha dorada como la barba del dios Pan. 
Y de tus iris garzos en la noche quieta 
tus pupilas fingían «dos gotas de alquitrán». 



54 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Los álamos simétricos empautaban el cielo 
remoto, simulando cintas de terciopelo. 
Aumentaba el prestigio de tus ojeras lilas 



la tarde en decadencia, á quien la noche apremia ; 
y en el fondo sereno de tus dulces pupilas 
el crepüsculo puso un rubí de Bohemia. 



SÚPLICA 



Se aduerme Favonio 
bajo la glorieta 
donde vio un demonio 
la niña coqueta. 



Clarisa, mi bruna, 
" Primavera en flor ", 
ofrece á la luna 
su lirio mejor. 



56 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

El lirio que ofrece 
la niña Clarisa, 
de Diana parece 
la triste sonrisa. 



Es tan blanco el lirio I 
Hace delirar. 
Blanco como Sirio, 
crespo como el mar. 



— Oh I lirio de lino , 
oh ! nieve, flor breve, 
pájaro divino 
del parque de Hebe, 



de pico rosado 
y blanco plumón, 
colócate al lado 
de mi corazón! 



PERLA ROJA 



Para avivar el rojo de sus labios glotones 
y doctos, Eloísa al espejo se mira. 
En su mano industriosa, donde el lápiz conspira, 
hay una providencia de fuertes bermellones. 



Eloísa, la blonda, adora los varones; 

tiene diez y siete años ... en nimbos de amor gira ; 

ojos de pitonisa y curvas de hetaira; 

ama oficiar de Psiquis > . r No sabe de oraciones 



58 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

crístíanas . . . Así es ella, con rojo de China 
hace un milagro dulce de su labio ducal, 
y con sombra extrafína subraya su fina 
pupila sensual. 




LOS SOLES EFÍMEROS 



A José Enrique Podó. 



LOS SOLES EFÍMEROS 



Son varios caminos 

—ásperos ó suaves— por donde se alejan 

los mil peregrinos 

que el lar nativo dejan. 



Por la ruta de hierro 
marchan los guerreros 
hacia la montaña 
del hondo destierro ; 



62 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

los ojos inquietos, 

el alma agobiada . . . 

Llevan amuletos 

de amor : blondos rizos de la idolatrada. 



Suenan los clarines 

del éxito . . . Flotan ebrias banderolas . . . 
Chocan las corazas de los paladines. . . 
Las crines se encrespan á modo de olas . . 
Las rutas tiemblan . . . 

Bajo el sol de cobre 
marchan los guerreros de testas severas, 
y sobre las rutas y sobre 
las altas montañas notan las banderas. 



El bosque de hierro se aleja, se aleja 
por la áspera cuesta que va á la Victoria ; 
y el sol en derrota en las lanzas deja 
un humo de oro y un polvo de gloria. . . 



EL SÁTIRO VERDE 



EL SÁTIRO VERDE 



El viejo sátiro de mármol está verde. 

Entre sus cuernos rígidos, una mata de helécho 

puebla de cabellera asiría 

su testa calva de dios decrépito. 



El sátiro está verde, verde 

de los pies á los cuernos divergentes ; 

el musgo ha puesto un velo púdico 

á su franqueza insolente de dios galante. 



66 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

El sátiro está verde 

entre la fronda verde, 

en la humedad del parque envejecido 

de años y de recuerdos. 



—Habla, sátiro verde; 
cuenta tu historia ; 
estoy triste y ansioso 
por saber tu secreto. 



He aquí lo que dijo el sátiro verde : 

En mármol de Himeto fui tallado 
por mano de artista excelso. 
Ful tallado al amparo 
de Venus, de Cupido y Minerva ; 



y de informe mármol frío y rebelde 
sali, con mis dos cuernos. 



EL SÁTIRO VERDE 67 



sencillamente, como 
el pájaro del huevo. 



Salí desnudo, libidinoso, sátiro 

en fin. Sólo mi alma era verde. 

Destináronme á un prado 

donde las ninfas iban, 

por las tardes, desnudas, 

á llenarme de fuego 

de pasión con sus besos . . . 



Yo despertaba, entonces, 
las furias de las Venus, 
y las bacantes crespas 
mesaban sus cabellos 
al auspicio virtuoso 
de mis filosos cuernos. 



Una tarde, el ocaso 



68 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

llenaba mis pupilas de violetas; 
Favonio divulgaba secretos; 
y Baco, allá, en las viñas, 
su dulce humor vertía 
en las bocas perversas. 



Esa tarde una niña 
me demandó un consejo, 
y junto á la piscina, 
abandonando el plinto, 
la volqué como un ánfora 
sobre la hierba. 



La volqué y en mi afán 
de pecados y besos 
olvidé que Diana, 
la nubil cazadora, 
prohibía esos excesos. 

Llegó la deidad pálida ; 



EL SÁTIRO VERDE (Ñ 



vio unidos nuestros cuerpos^ 
y con un dardo frió 
apaciguó mi fiebre 
y otro dardo clavó 
de la niña en el seno. 



Al otro dia los pastores y ninfas 

y sátiros vieron 

á la niña muerta, 

muerta de frió sobre el césped. 



**He ahí el influjo malo, 

dijeron, ese sátiro blanco 

está encantado; abandonémosle. 

Hijo maldito del Silencio y de Hécate". 



Desde ese dia siniestro^ 

abandonado sátiro en el paisaje verde, 

lloré, lloré ; á lo lejos 



70 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



me respondían las deidades faunescas . 



** Llora, llora, sátiro viejo, 

hijo maldito del Silencio y de Hécate". 



Pasaron lunas, nieves, 

noches profundas y sin estrellas ; 

oyeron mis oidos caramillos lejanos, 

ecos de gratas fiestas . . . 

Envejeció mi alma. 

Y la injuria de Cronos puso 

el primer lunar sobre mi frente. 



Llovió, llovió, y el parque 

trocóse en lago. 

Pobre sátiro viejo! 

De mirarme en la linfa 

tuve miedo; 

mas me miré / oh dolor ! 






EL SÁTIRO VERDE 71 

mi frente y mis dos cuernos, 

mi barba y mi cabello 

y mis muslos viriles y mis biceps robustos 

y mis OJOS y hasta 

mi flauta pánida 

estaban verdes , . . 



"Llora, llora sátiro viejo, 

hijo maldito del Silencio y de Hécate". 

Y lloré mucho, mucho, 

y el lago se hizo eterno, 

el lago que duplica mi silueta . . . 

Ahora ve, peregrino, 

donde tu ainada sueña, 

dile lo que supiste de mis labios 

y nunca vuelvas . . . 

Cuida de Diana, 
la casadora celeste. 



T*2, LAS LEYENDAS DEL ALMA 



Teme sus flechas blancas 

que dan el olvido y la muerte.. 



LA MUSA AGRÍCOLA 



EN EL jardín DE EROS 



Á MaiHnez Sierra. 



Las flores están secas y la tierra está seca ; 
y el río, antes tan grueso, es un hilo delgado 
de agua cristalina que devana una rueca 



invisible ... El sol alto, en un lampo dorado, 

calcina la pradera, y la tierra calcina. 

Unas reses hambrientas vagan por el colJado 



y husmean el deleite de la hierba mezquina ; 
los huesos puntiagudos se extreman en las ancas 
donde se indefínizan manchas de tinta china. 



76 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

El caracol del viento silencia en las barrancas. 
Una siesta enervante domina los bohíos, 
donde el alba despierta actividades francas 

y ^1 crepúsculo anima la eclosión de los píos . . . 
Hasta las cabras jóvenes se toman sedentarias ; 
y loa gallos galantes olvidan sus bravios 



torneos (tan al gusto de las plebes agrarias). 
Picoteando al desgano el polvo de las mieses, 
cloquean las gallinas rimas agro-pecuarias 



y sus cuellos describen homenajes corteses 
á la sombra precaria de las bestias en celo, 
cuyas patas desvían instintos descorteses . . . 



Todo es duelo. En la tierra, en el bosque, en el cielo . 

Sólo Timeón y Claudia desacatan la hora, 

pues no encuentran motivo para tan grave duelo. 



\ 



LA MUSA AGRÍCOLA 77 

Y entre mimos y besos la sencilla pastora, 
sin reparar que á Vesta sus catorce años debe, 
se enciende como una bacante pecadora 

y humilla un lis de sangre en el altar de Hebe I 



LYCORIS, LA INGENUA 

Á Santin C. ÜQSst, 

-Porqué, Dryops, por la campiña yagas, 
ocioso el labio, el caramillo mudo? 
—Porque mi amada, de «saliente seno», 
hacia la fuente no llevó sus pasos . . . 



—Es Praxila tu amada, pastorcillo? 
— Praxila, sí, la corderita blanca 
que halla refugio en mi desnudo pecho 
y me evidencia su cariño en blandos 
besos de dulce amor: mieles de Himeto, 



80 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



sabrosas cual la leche de mis cabras . 



—Cuánto tiempo ha que Amor te da ese fruto? 
—Si el recuerdo no miente, fué una aurora, 
y cinco veces el divino cisne 
cambió el armiño de sus plumas pálidas . . . 



— Díme, pastor, es cierto que el Dios Niño 

las almas infantiles despedaza? 

— Ah, no I el infante alado, aun cuando á veces 

es cruel como la espina de la zarza, 

su misma flecha lleva noble imgüento 

que cura las heridas y las lágrimas . . . 



—Sonad el caramillo, pastor bueno ... 
—Adiós I me voy á apacentar mis cabras . 



Y sonando el bucólico instrumento 



LA MUSA AGRÍCOLA 81 



Dryops perdióse entre las hierbas larcas . 



Desde esa tarde Lycorís, la ingenua, 

bo halla tranquilidad para su alma. 

Piensa en Dryops, que en apacible instante 

los misterios de amor le revelara. 

Y en las noches serenas, cuando suenan 

lejanamente surtidores lánguidos, 

se iluminan sus ojos : 

Por la sombra 
Dryops, sonando el caramillo, pasa . . . 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 



Á Ángel C. Maggiolo. 



EL POEMA DEL RECUERDO 

Oh, ses doigts fréles et le pur 
mystére de ses yeux d* azur 
éblouis du pardon futur ! 

Laurent Tailhadk. 

Antiguos días 

Henos de alegrías, 

volved ! Y tú, querida, 

que me hiciste la amorosa herida 

con tus grandes ojos azules, 

torna á mí. 

Oh, sí ! 

quiero reposar nuevamente en tus tules 

azules ; 

besar tus ojos magos, 



86 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

llenos de paisajes vagos, 

y la púrpura de tus labios 

sabios 

y triunfales, 

que besé en los días iniciales 

de nuestro amor. ^ 

Quiero besar tu cuello, 

envolverme en el oro vivo de tu cabello, 

besar tus mejillas de dulce rubor. 

Quiero, oh, bizantina 

felina, 

ir contigo, al amor de tu voz cristalina, 

tan 

dulce, tan suave, tan amorosa, 

rosa 

perfumada en esencias sutiles de Houbigant. 

Quiero posar mil besos 

en tus lindos deditos traviesos. 

Quiero 

seguir siendo tu caballero 

querido ... Yo sé 

que he de adorarte como una hermana — 



EL POEMA DEL RECUERDO 87 



hermana de Diana— 

oh, blonda de las mejillas de thé . . I 



Oh, cuanto frío 

tiene el corazón mío! 

Oh, cuan triste es vivir sin tí 1 

Oh, qué frío, qué frío, 

siente el corazón mío 

lejos de tus labios de miel y rubí . 



Noches interminables, 

días interminables, 

sufrió mi pobre alma flagelada 

por tus displicencias. 

Las noches nevaron tristezas inagotables. 

Mi espíritu cruzó la gran llanura helada 

donde sufrí crueles inclemencias. 

Y los soles siguieron á los soles, 

las auroras á las auroras, 

las tardes á las tardes, 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 



las noches á las noches. 

Traidoras 

espinas destrozaron mis pies , . . 

La gran llanura, 

impávida y oscura, 

llena de abrojos. 

Y yo, en mi angustia, quería besar de nuevo tus labios 

y morir después . . . irojos 

Oh, cómo sufrió mi alma, oh, mi amada I 

en la gran llanura helada 

de la Desilusión ! 

Oh, cuánto frío, 

bien mío, 

cuánto frío 

sufrió mi pobre corazón . . . 



Vuelve á mí, querida de las dulces mejillas ; 
las parcas amarillas 
no descansan. Oh, ven I 
Es tan rápido el viaje; 
es tan lindo el paisaje; 



EL POEMA DEL RECUERDO 89 



es tan fugaz la vida ; oh, mi querida, i ven 1 . 



Oh sí, querida, vuelve á mis jardines, 

dame tu vida en besos llenos de sacro amor. 

No sientes los violines 

lejanos, 

y el gemir de los pianos, 

y el canto melancólico del ruiseñor? 



Tengo raras turquesas, 
esmeraldas y ópalos nobles de gran valor, 
rubíes, amatistas, topacios y zafiros, 
jacintos y zircones de Sabba y Singapor, 
berilos de Sajonia, verdes ceilanitas, 
piedras de Amazonas y piedras de luna, 
ónices, sardónices y lazulitas, 
albitas pálidas y dicroítas, 
granates sirios y ópalos de Iduna . . . 

. . . Oh, cuan dulces, querida, eran tus suspiros 



90 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

en el tiempo aquel 

en que ambos visitamos el edén inefable, 
ascendiendo de un beso por el interminable 
hilo de miel I 



Oh, tiempos I Ya Saturno, 

con su fatal coturno, 

las rosas amorosas con crueldad marchitó. 

Oh, divinas fragancias extintas ! Oh, fragancias 

de las viejas estancias 

donde tu boca rosa con la mía se unió . . . 



Sigúeme, bella blonda, 

á la amigable fronda» 

que la luna ilumina con su luz de marfil. 

Yo imprimiré mil beso$ en tu cabeza blonda, 

que perfumaron nardos de perfume sutil. 

Sigúeme hasta la fuente, 

oh, graciosa durmiente ! 

donde el cisne se mece en su gloria de arroz; 



^ 



EL POEMA DEL RECUERDO 91 

que en el mármol sereno de tu pálida frente 
declinaré mi frente, 
y subiré hacia Dios . . . 



Oh, ven, dulce enemiga, 

á mi ribera amiga, 

que tus cisnes se hastían en el lago espectral. 

Oh, ven, dulce enemiga, 

á mi ribera amiga, 

á fundir nuestras almas en un beso inmortal. 



LA BRISA 

Á Villaespcsa, 

Musicalmente la brisa 

atravesaba el pinar. 

Porqué floreció tu risa, 

Luisa ? 

Porqué nü alma dio en llorar ? 



Tu inocencia juvenil 

no podía 

penetrar, con su pueril 

lógica, mi varonil 

melancolía. 



94 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Tú confiabas al amor 

tu optimismo 

y yo sentía temor, 

Luisa, por 

no sé qué aeterminismo. 



Y era un símbolo esa brisa 
que pasaba indiferente 
aurorando una sonrisa 
en tus lindos labios, Luisa, 
y anocheciendo en mi frente 



Y ante tu fresco reír 
y ante mi adusto llorar, 
— ilusión del bien sentir, 
angustia del mal soñar, — 
la brisa pasaba extraña 
á todo subjetivismo, 
camino de la montaña 
ó camino del abismo. 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 95 



SUEÑA, MARIPOSA. 



Graciosa, 

frágil, 

risueña, 

ágil 

mariposa, 

sueña. 

Grácil 

y pequeña 

rosa, 

dueña 



% LAS LEYENDAS DEL ALMA 

fácil 

y sabrosa, 

sueña. 



Sueña 

tu sueño mejor ; 

Amor 

en tu sueño, 

sueña ; 

vive en un mundo mejor; 

no te fíes del traidor 

ruiseñor . . . 

Quieres ser siempre risueña ? 

Sueña, 

mariposa, sueña . . . 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 97 



PRIMAVERA... AMOR 



Han florecido las rosas 
y los senderos sonríen 
y ríen las mariposas 
y las bocas mentirosas 
ríen. 



Es Primavera. Hay fuego 
en los cuerpos. Hay placer. 
Hay ilusión, 



98 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

luz y juego. 
Late más el corazón. 
Maravillosa estación I 
Milagroso niño ciego ! 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 99 



TU REINO INTERIOR 

Á M. 



Diga el poeta moderno 

tu gracia de colegiala, 

que hace más tibio el invierno, 

trueca en edén el infierno 

y hace buena la luz mala. 



Cante, en bellos panegíricos» 
Ja euritmia de tu escultura ; 
prodigue derroches líricos 



100 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

en honor de tus osíricos 
ojos, ebrios de locura. 



Inciense, con madrigales 
llenos de subjetivismo, 
tus poses originales 
y tus pupilas sensuales 
donde medita el abismo; 



tus mimosas situaciones 
en el banco de la quinta, 
tus extrañas voliciones 
y las iluminaciones 
que el sol en tus ojos pinta. 



Diga todo y nada omita ; 
loe el preclaro carmín 
de tu boca y la infinita 
sombra grave que gravita 



TU REINO INTERIOR 101 



en tu frente de jazmín. 



Toda belleza exterior 

manifieste, 

con bellos ritmos de amor 

empapados de celeste 

cielo y de mundo mejor. 



Pero que jamás se atreva, 
con su profano coturno, 
á tu reino interior, Eva, 
mientras aliente Saturno. 



Porque tu reino interior 

es mío ; 

porque me muero de amor; 

por 

que siento mudo horror 

al frío. 



102 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



De lo contrario seré,— 
por mi amor y por mi fe,— 
criminal. 

Y al que mate mi ilusión,— 
por su bien y por mi malv- 
íe clavaré mi puñal 
en medio del corazón I 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 103 



AQUELLA NOCHE.. 



Aquella noche, bajo las acacias, 
murieron mis estrellas una á una, 
aquel lax noche, bajo las acacias . . . 



En el ópalo vago de tus manos 
agonizó mi corazón de niño, 
en el ópalo vago de tus manos. 



104 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

En la desolación de tus pupilas, 
al amor de los cánticos pradiales, 
en la desolación de tus pupilas, 

nevó la luna su frialdad de mármol. 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 105 



EL ALMA INCOMPRENDIDA 



Triste, triste, triste, triste, 
alma, tierra, mar y cielo. 
Amor acaso no existe ? 
Porqué todo se reviste 
de duelo ? 



Yo no lo puedo explicar 
y en mi supina ignorancia 
sólo sé que sé llorar . . . 



106 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



Dios, si pudiera tomar 
fi la infancia! 



Volver á la vieja vida 
de la escuela; 
jugar la gataparida 
ó alguna que otra partida 
de rayuela . , . 



Dios I mi Dios I escucha al que, 
ebrio de tu dulce fe, 
quiere acogerse á tu seno . . . 
No me repondes? Porqué? 
No soy bueno ? 



Mas tu piedad infinita 
que diera, á la oruga vil, 
rosa y nieve ; 
al paquidermo, marfil; 



EL ALMA INCOMPRENDIDA 107 

á la araña, la sutil 
tela leve; 



¿no le dará á la pobre alma 
mía, que sufre de esplín, 
para llegar hasta el fin 
una limosna de calma? 



No me intimida soñar, 
buen abuelo. 
Tampoco temo llorar. 
Y fuera tan dulce amar 
y saturarse de cielo! 



Pero arráncame el esplín. 
Dime, Dios: "esta es tu senda" 
y yo llegaré hasta el fin . . . 



1 



106 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Pobre alma I sufre tu esplín. 
Ya no hay nadie que te entienda 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 109 



EN EL JARDÍN DE EROS 

A Daniel Castellanos, 



Una tarde ( recuerdas aquella tarde blonda ? ) 
íbamos de la mano pensando en cosas bellas, 
al amor de la brisa indiscreta en la fronda. 

Sobro la senda húmeda imprimían sus huellas 
las torcazas, felices cual niñas inocentes, 
y los gorriones, ebrios de divinas querellas. 

Los peces de colores en las mansas corrientes 
irisaban cual gemas sus luces minerales ; 
y las aguas decían sus rimas elocuentes. 



lio LAS LEYENDAS DEL ALMA 

En la penumbra amiga del bosque de nogales 
los mármoles antiguos, donde el musgo germina, 
evocaban los dulces poemas eglogales. 

En el rubio crepúsculo tu pereza latina 
aliviaba en mis brazos, con sutil indolencia, 
tus quince años, ligeros como de muselina. 

Fué junto á la glorieta donde tu adolescencia, 

ignorante de toda galante diplomacia, 

me brindaste con una « exquisita decencia ». 

Luego, recuerdas Juno? con tu aureola de acacia 

reías como loca á mi pueriles mimos, 

y sin saber la ciencia complicada de Aspasia 

me enseñaste el secreto de los sabios arrimos. 
Y, recuerdas ? más tarde, pensando en cosas bellas, 
en el banco de piedra sin temor nos dormimos, 

á la luz parpadeante de las' viejas estrellas . . . 



r 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 111 



COMEDIANTA 



A Manuel Machado, 



Bruna, tu mirada bruna 
se ha hundido en mi corazón 
y siento en el alma una 
benevolencia de luna: 
ilusionada ilusión. 



Bruna, tu boca cereza 
tiene un travieso mohín. 
Y mi alma siente pereza 



112 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



de dejar tu camarín. 



Bruna, sé benevolente. 
Bruna, sé siempre jovial. 
Ríe interminablemente; 
estamos en Carnaval; 
—la vida lo es permanente 
(esto no es original). 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 113 



LOS CELOS 



Nevó la primera estrella 
su luz en el cenador. 
Me alejé llorando ... Y ella 
se dijo: será más bella? 
Y yo : la querrá mejor ? 



EL ALBA TARDÍA 



Partimos fraternalmente 
entre los dos el racimo. 
Y en la noche adolescente 
su castidad decadente 
se rindió con dulce mimo. 



114 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 



El alba de sus sonrojos 
se reveló con atraso. 
Siendo tan negros sus ojos, 
siendo sus labios tan rojos, 
á qué apresurar el paso ? 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 115 



LA SERENATA 



Llegué con ella al confín 
del bosque. La tarde ingrata 
me saturaba de esplín, 
y canté la serenata 
que hace llorar á Arlequín. 



RIMA DE OTOÑO 



Señora : 

La vida, tal 
cual la vivimos los dos, 
es una lucha fatal. 
Morir fuera menos mal. . . 
si yo creyera en tu Dios. 



PRESAGIO 



Hiriónos á un tiempo mismo 
Eros con su jabalina. 
Y en un hondo paroxismo 
vimos surgir del abismo 
á Pierrot y á Colombina. 



EL SILFO 



Navegaba la piragua 

entre la luna y el agua. 

Un lejano surtidor 

decía frases de amor, 

frases que el Dios Niño fragua; 



118 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



y un silfo madrugador 
nos desfondó la piragua. 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 119 



LA TRAICIÓN 



Bésame, tu beso bueno 
ahuyentará mi dolor . . . 

Me besó Ja flor de cieno 
y del palpitante seno 
rodó un billete traidor. 



LA ENVIDIA 



Fuimos de tarde á la fuente; 
soplaba céñro blando 
en la rosa del ambiente. 
Y un pájaro impertinente 



120 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

escandalizó el ambiente 
porque te estaba besando I 



i 



! 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 121 



REDENCIÓN 



Dijo Satanás : 

Señora, 
bella perla hay en tu seno 
y he de bebería 
(3 morderla, 
y luego . . . seré ángel bueno. 



RÍE... AMA... SUSPIRA. 



Pues bien, si todo termina 
cuando la noche germina 
y no hay un mundo mejor, 
poeta, ríe en la lira. 



122 LAS LEYENDAS DEL ALBÍA 

ama, suspira 

ó muere . . . muere de amor I 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 123 



LA GARRA 



Quise besar tu lilial 
mano, con fiel devoción; 
mas vi una garra fatal 
entre el encaje trivial... 
y naufragó la intención. 



LA INDISCRECIÓN 

Á Carlos F. Muñoz. 

—Aquí, le dije á mi amada, 

al entregarte una ñor, 

te pusiste colorada. 

Allí, te dije mi amor . . . 

Más allá fué el primer beso . . . 



124 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

—No fué junto al surtidor ? . 
—Bajo el nogal . . . 

—Calla eso! 
dijo, y ahogó con un beso 
el vocablo delator. 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 125 



EL BESO 



La noche tocó á su fin 
y las Cabrillas inquietas 
se hundieron en el confín, 
en un prado de violetas. 



Dije á mi amada : despierta, 
has dormido con exceso . . . 
Inútil ! estaba yerta. 
Bésela, y la novia muerta 
resucitó con mi beso. 



KRYSÍS 

Á Juan ¡f. fiménez. 



Pródiga en besos Krysís 
me encantó en la Primavera. 
Mas arribó el tiempo gris, 
y si no fuera por mis 
gratos recuerdos muriera . . 



... Y recuerdo ... y el recuerdo 
que reviene á mi memoria 
de aquella tarde, muerdo 



128 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



como un fruto. Aquella historia, 



aquella historia de amor 
frágil, galante, sencilla. . . 
Un beso por una flor . . . 
el abrazo ... el ruiseñor 
y la siesta en la gramilla. 



—Detente Cronos abuelo, 
dije, imitando á Josué, 
y siguió rodando el cielo 
y lloré en mi desconsuelo 
el breve instante que fué. 



Krysís, oh Krysís, apura 
la eternidad del placer. 
Complica más mi ventura ; 
tu cuerpo haremes fulgura ; 
sé demonio y sé mujer. 



\ 



KRYSÍS 129 



Chupa mi sangre . . Mi vida 
y mi alma también te entrego. 
No te inquietes por la herida. 
Krysís, suéltale la brida 
á tu pegaso de fuego. 



Sé Gomorra ó sé Sodoma 
bajo el rayo del Señor. 
Enciende, lúbrica Roma, 
tu cuerpo ; muerde la poma 
del vicio y vive de amor I 



Sé audaz, complicada y fuerte, 
cruel, sonámbula, felina. 
Aprende á servir la muerte 
como un elixir; tu suerte 
es ser cruel siendo divina. . . 



Y Krysís devotamente 



130 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

practicó la indicación ; 
y me besó fieramente ; 
y mi boca impenitente 
sangró como un corazón. 



Y fueron abrazos locos ; 
y fueron besos profundos, 
cálidos como sirocos ; 
y sus ojos fueron focos 
en ebullición de mundos. 



Después, lo de siempre : una 
noche de marchito amor, 
la tristeza de la luna, 
el llanto allá en la laguna 
y el hacha del leñador. 



La fosa ... el recuerdo ... un ramo . 
lágrimas . . . —Sufre Vd. ? Sufre ? 



KRYSfS 131 



—Satán dista sólo un tramo . 
Y fuera Satán buen amo 
si no trascendiera á azufre ! . 



Que es una historia vulgar 

la que refiero ? Comprendo : 

es tan común el llorar 

y es tan frecuente pasar 

la vida i ay, mi Dios ! muriendo. 

Llorar . . . amar . . . Padre Hugo, 
y tú, Verlaine, hijo Pablo, 
porqué á mi buen Dios le plugo 
aplastarme bajo el yugo 
del Diablo ? 



AMOR 

Á Caríos M, Sorín, 



Amor, escultor que labra, 
con caprichoso cincel, 
tan pronto mueca macabra 
como sonrisa de miel. 



(Idéntica causa, vario 
efecto. Porqué ? —Misterio . . 
Aquí, luz de lampadario . . . 
Allá, paz de cementerio . . . ) 



134 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Amor, Amor, peregrino 
que todo lo transfiguras, 
haz menos agrio mi vino, 
haz más suaves mis locuras. 



Amor, bondadoso, arranca 
de mi corazón tu espina. 
Y haz que me sonría franca, 
con su dentadura blanca. 
Colombina. 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 135 



HUMO. . . 

A Adolfo Berro García. 



Humo aromático y leve 

que hacia el alto azul se atreve, 

como mi bella ilusión ; 

humo aromático y breve 

que brota del corazón. 



Frivolo vapor, acorta 
las horas de mi sufrir; 
que tu acción sobre la aorta 
haga mi vida más corta, 
pues siento ansias de morir. 



136 I^\S LEYENDAS DEL ALMA 

Quiero absorber tu nirvana, 
oh, grata droga ! Quiero, 
en un aire de pavana, 
ir á la playa lejana 
que hace dos siglos espero. 



Emponzoña mi existencia, 
exquisita quintaesencia 
que descubriera Nicot. 
Es tu dulce opalescencia 
bruma de un dulce Cliquot. 



En tu amable Clavileño— 
opio, elixir ó morfina- 
sabré del país del sueño, 
donde viviré de ensueño 
en brazos de Colombina. 



Droga extraordinaria, alegra 



HUMO. . . 137 



mi piadoso corazón 
y con tu amor, Hada Negra, 
mis ilusiones integra 
antes que llegue Carón. 



Haz que ría fresca y franca 
mi sangre funambulesca 
y haga brotar de la blanca 
nieve, púrpura faunesca. 



Alegra mi sangre; alegra 
mi sangre llena de esplín . . . 
Haz mi noche menos negra 
con la risa de Arlequín. 



Y en la hora fúnebre canta, 
y llora en la hora jovial ; 
que el dolor bajo tu planta 
se transforme en Carnaval. . 



138 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



Humo aromático y leve 

que hacia el alto azul se atreve, 

como mi bella ilusión; 

humo aromático y breve 

que brota del corazón. 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 139 



EL CONSEJO INÚTIL 



—Modifica, poeta, esa estéril manía 
de ser en esta tierra alondra y ruiseñor. 
—Mi querida, señora, es la Melancolía. 
Sólo vivo por ella, soy feliz con su amor. 



—Llorarás. 

—Qué me importal 

—Sufrirás. 

—No me inquieta. 



140 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

—Te negarán el fuego y el pan . . . 

—Siendo poeta, 
pensando en cosas bellas, qué más puedo soñar? 
—Eres necio, poeta. 

—Necio no I soy iluso . . . 
—Escucha mi consejo . . . 

—Tu consejo rehuso : 
Soy sabio, no lo quiero. 

-Di, qué sabes? 

—Llorar ! 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 141 



MACABRA 



—Y esa lágrima qué imp'ica? 
—Lo sabes? 

—Y ese suspiro? 
—Lo ignoro. Mas cuando miro 
tus ojos . . . 

—Qué ves? explica, 
qué ves? 

—Amenazas raras, 
duelos, inauguraciones . . . 
Cancerberos de diez caras . . . 



142 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Estigias y Flegetones . . . 
Luzbeles . . . Carentes . . . Toda 
la abracadabra sombría 
en una danza beoda . , . 

Y todo eso en pleno día. . I 



LAS LEYENDAS DEL ALBtA 143 



HORTUS CONCLUSUS 

Á Justíno E, Jiménez de Áréehaga, 

Los potros estremecen de vida la pradera; 
el aire de la tarde eflüviase de rosas; 
pasa la brisa, pasa la brisa viajera. 



Por las sendas azules vuelan las mariposas, 
—oro, nieve, azul, rosa, verde.— Acuarelas 
en los lagos dibuja el sol . . . Tienen las cosas 

el prestigio lozano de las telas 

de Rembrandt... Fauno trisca, teje Flora; 

y lloran las ingenuas churumbelas . . . 



144 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

La moza sus cabellos con claveles enflora 
y su púber fragancia pide el tálamo, y pide 
el beso interminable su carne pecadora, 

físicamente virgen. En sus ojos exhibe 
ansias de las bacantes crespas del Apidano. 
Pero el buen Jesucristo esos juegos prohibe . . . 

Aún no ha llegado el día de trepar al manzano 

con Adán, y morder la codiciada poma. 

Cuántas i ay Dios I son pasto de un oscuro gusano ! 



Mejor, Señor, sabían servirte Grecia y Roma. 
Pero aún hay Primavera para diez años . . . Sobra 
frescura á sus encías y fuego de Sodoma 



á sus labios I . . . En veces la nao casi zozobra ; 

pero la Capitana, que guía la galera 

de esa vida, es experta y cual Jasón maniobra. 



"^^ HORTUS CONCLUSUS 14^ 



^les enír. ^g^ virtud es ciencia que sabe Primavera I ) 
^o-Jr sol, ya tras la sierra, hacia el nadir resbala 
ec8doa itamente, á manera 



; un cisne rojo en una fuente. Escala 
)idsñi amada de Verlaine el bosque silenciario 
5 préli^^ llora la zagala . . . 



/ flMflflte viene á mí el recuerdo de la hora, en el aniversario 
a. e aquel día, y lloro yo también. 
¡rogí^ mi decir se toma innecesario . . . 



oflu -Alma i gime una rima de Samain I ). 



( 



I 



L 



LA INFINITA BONDAD 



A la orilla del mar, perpetuamente inquieto, 
bajé la noche última gravemente serena, 
y sobre el dorso blanco de la movible arena 
roí como un gusano mi amoroso secreto. 



La noche interminable me llenaba de pena. 
El cielo se ofrecía como un raro alfabeto 
en donde descifraba mi espíritu concreto 
palabras de otras épocas en que el alma era buena. 



14S LAS LEYENDAS DEL ALBIA 

De pronto, en el enigma del azul palpitante, 
cruzó su cinta plata una estrella ambulante; 
y mi alma pensativa sintió un franco consuelo 



al ver que de la playa donde mi alma sufría, 
como un humo aromático, sin esfuerzo ascendía 
otra alma pecadora en dirección al cielo. 



LAS .LEYENDAS DEL ALMA 149 



COLOQUIO DE OTOÑO 

Te 80ttVient-H de notre extase ancienne ? 
P. Verlaine. 

Decorados los cabellos con jazmines y azucenas, 
viene silenciosamente á visitar mi jardín, 
Cintia, mi pálida virgen, llena de calmas amenas, 
cuyas pupilas invocan las dulces brumas del Rhin. 



Desde la sala contigua llegan las notas serenas 
que da al aire de la noche un nostálgico violín . . . 
— Cintia adorada, recuerdas aquellas noches buenas 
en que juntos recitábamos los versos de Lamartine? 



ir>0 LAS LEYENDAS DEL ALMA 



- -Oh, SÍ, recuerdo. 

—Y las breves tardes de los dulces días, 
cabe la fuente de *'E1 Beso" que cincelara Rodin? 
—Vaya tu pregunta ! 

— Es rara ... Y cuando tú me decías 



que era un efebo divino el pobre Alberto Samain? 
—Oh, tiempos I Maldito CronosI 

— Y tú acaso me querías ? . . 
Oh! tus lágrimas denuncian que me adorabas también! 



LAS LEYENDAS DEL ALMA 151 



EL POEMA DEL CREPÚSCULO 

Á Guillermo Valles de la Sierra. 



El sol declina sobre 
el parque su caliente 
luz de cobre. 
Y un perfume salobre 
higieniza el ambiente. 



El mar se incendia en tonos 

bermejos. 

Los pinos invierten sus conos 

en el agua ... Á lo lejos, 



152 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

mar afuera, 

su bocina sonora 

hace sonar viajera 

nave. Es la hora 

del ensueño, la hora del recuerdo la hora del amor 

Es la hora en que lágrimas rubias 

llora el día en las lejanías turbias 

y pone violetas líquidas 

en la rizada pluma del surtidor. 



Cruzan en lentos giros los pájaros marinos, 
que ignoran el encanto silvestre de los trinos, 
y sus alas sugieren adioses desolantes : 
tal los adioses últimos que se dan los amantes, 
y los hijos que emigran á sus madres llorosas, 
y los buenos esposos á sus buenas esposas . . . 



Ahora el bello cielo ha florecido rosas, 

y es una pradera encantada. Titania 

y Flora son hermanas de la celeste Urania. 






EL POEMA DEL CREPÚSCULO 153 



Vuelan colibríes y mariposas . . . 



Qué es aquello ? Una fuente. — Y aquello ? 

Un lago lila. 

Oh I qué paisaje bello 

alegra mi pupila ! 

Oh, recuerdos felices de las horas galantes . . 

la divina glorieta, 

la adorada coqueta, 

y los besos numerosos de los breves instantes ! 

Y el platanar amigo, y la tarde auspiciosa I 

Y aquel beso sutil que fué cual mariposa 

á cosechar miel fresca en sus labios de rosa. 

Y las margaritas deshojadas ... Y los Uses . . . 
En fin todo el recuerdo de las horas felices . . . 



Sobre el mar violeta 

balancea su vela una blanca goleta. 

Y mi alma recuerda aquel viaje de bodas 

en el yacht "Clair de lune"; y mis infamias todas 



154 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

se agolpan en mi pobre 

cerebro; porque sobre 

haber sido cruel con Lydia, en esa luna 

de miel, 

la abandoné por una 

adolescencia bruna, 

acatando un consejo que me diera Luzbel. 

Y Lydia tuvo el fin 

de Ofelia; 

sin 

duda le pesaba su vida de camelia 

marchita . . . Esto me afirma en mi antigua creencia 

en que yo tuve mi parte de culpa. . . 

aunque la mayor parte la tuvo su impaciencia . . . 



El sol ha descendido 

tras el horizonte ya vuelto indefinido. 

Plata en lágrimas la noche vierte ; 

naturaleza yace. 

Y Pegaso, que ha tiempo sobre la tierra pace, 

ha tomado el camino del silencio y la muerte . . . 



ÍNDICE 



Proemio 7 

El buque fantasma 9 

Linfas de Hipocrene 11 

Ánfora de alabastro 13 

La relatividad de la dicha 17 

Súplica 19 

Resurrectio 21 

Soneto triste 23 

Gris 25 

Tanit 27 

Primavera, el Otoño hace mal 29 



156 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Piscatoria 31 

El Dolor y el Amor 33 

Epílogo de un idilio 35 

Saudade 37 

Los párpados caídos 39 

Los Parques de la Tentación ...... 41 

Hora propicia 43 

Rima galante 47 

Tus labios 49 

Cintia 51 

Rubí crepuscular 53 

Súplica 55 

Perla roja 57 

Los Soles Efímeros 59 

Los soles efímeros 61 

El Sátiro Verde 63 

El sátiro verde 65 

La Musa Agrícola 73 

En el jardín de Eros 75 

Lycoris, la ingenua . . 79 

Las leyendas del alma 83 

El poema del recuerdo 85 



ÍNDICE 157 

La brisa 93 

Sueña, mariposa 95 

Primavera. . . Amor 97 

Tu reino interior 99 

Aquella noche 103 

El alma incomprendida 105 

En el jardín de Eros 109 

Comedianta 111 

Los celos 113 

El alba tardía 113 

La serenata 115 

Rima de Otoño 115 

Presagio 117 

El silfo 117 

La traición 119 

La envidia 119 

Redención 121 

Ríe. . . Ama. . . Suspira 121 

La garra 123 

La indiscreción 123 

El beso 125 

Krysís 127 



158 LAS LEYENDAS DEL ALMA 

Amor 133 

Humo 135 

El consejo inútil 139 

Macabra 141 

Hortus conclusus 143 

La infinita bondad 147 

Coloquio de Otoño 149 

El poema del crepúsculo 151 



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